Esta es nuestra manada

Son pocas ya las cosas que quedan por decir con respecto a lo ocurrido ayer y, sin embargo, parece que nunca son suficientes. Una se pregunta qué es lo que queda por verbalizar o como más de alto y claro deben expresarse las cosas para hacerse escuchar. Lo que es evidente es que es imposible intentar dialogar con quienes insisten en querer hacer oídos sordos.

Creo que ayer a todas las mujeres nos hicieron sentir desamparadas e impotentes, con la sensación de que nos derramaban por encima un cubo de agua fría y con la idea, una vez más, de que nuestras vidas no valen. Ayer se nos lanzaron a la cara mensajes gravísimos y absolutamente carentes de la perspectiva de género con la que cualquier sociedad que se haga llamar contemporánea y libre debe comulgar. Y ayer, una vez más, nos congregamos. 

Porque si una cosa hemos aprendido en estos últimos años es a unirnos en sororidad. Y ayer, cuando pensaba que solamente se llenaría la plaza de Sant Jaume, inundamos las calles de Barcelona (y todo el estado español) de nuevo. Porque la única manera que veo para encontrar cierto alivio a todo el desamparo, rabia y frustración es que nos unamos a gritos de: Yo sí te creo.

No es abuso, es violación.

  

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