[Review Detective Pikachu, 2019] Pikachu, te elijo a ti.

Recuerdo que Pokémon Rojo fue el primer videojuego que consideré como mío. Me lo regalaron mis padres por mi cumpleaños junto a mi propia Game Boy Color; aquella transparente que dejaba toda su maquinaria a la vista. Se acababa la era de compartir consola portátil con mi hermano y recuerdo estrenarla en el coche, de noche, sólo con la luz de las farolas para ayudarme a decidir qué Pokémon debía elegir como inicial en mi nueva aventura. Es extraño que me emocione por un blockbuster, aunque puntualmente haya excepciones, y sé que muchos se echaron a temblar cuando anunciaron esta nueva película de la famosísima franquicia. 

Ya estrenada, Pokémon: Detective Pikachu está empezando a ser considerada una de las mejores adaptaciones de videojuegos a la gran pantalla y, en cierto modo, es comprensible (aunque, siendo honestos, la verdad es que no tiene mucha competencia). Muchos de los grandes videojuegos lo son, precisamente, porque sus creadores entienden el medio en el que se desenvuelven, y tratar de encajonar las mecánicas que tan bien funcionan en el videojuego al formato película, sin comprender del todo todo lo que esto implica (el previo conocimiento de los espectadores acerca de los personajes, la necesidad de suplir el libre albedrío de los jugadores o una transformación inteligente de los mecanismos narrativos), está destinado al fracaso. Además ¿Por qué voy a querer ver algo que puedo experimentar con mis propias manos y entrañas? Por lo menos esa es la pregunta que se me viene a la cabeza cada vez que amenazan con una adaptación de The Last of Us o la saga Uncharted.

 
Detective Pikachu es tan mono que querrás que resuelva todos tus casos.

Detective Pikachu es tan mono que querrás que resuelva todos tus casos.

 

Pero en este sentido, Rob Letterman y todo el equipo de la producción han llevado a cabo un giro inteligente. No nos engañemos, la trama de Detective Pikachu es muy simple y predecible, los personajes y sus relaciones estereotipadas, los actores (carnales) sólo llegan a lo correcto e incluso el CGI (salvo para el Pokémon protagonista) deja bastante que desear. Aún así, hay una mezcla de fidelidad y novedad que engancha. 

A los que hemos crecido jugando a Pokémon nos gusta ver este mundo entremezclado con la realidad y cómo las criaturas que tantas veces hemos visto interactúan de manera efectiva con un entorno que es más nuestro que del mundo digital. Nos hace gracia ver a un bombero siendo ayudado por un squirtle, al inspector de policía Yoshida junto a un snubbull gruñón o a un ludicolo barista que sacia las necesidades de cafeína de Pikachu. Resulta simpático estar viendo la película y, a su vez, buscar a los diferentes Pokémon que hay en pantalla y qué función están cumpliendo dentro de la sociedad. Los creadores de la película sabían que el comportamiento de los Pokémon en el entorno era importante, que los espectadores lo iban a buscar y han sabido cumplirlo respetando, además, el material original. 

Por otro lado, está la gran estrella. La película no empieza verdaderamente hasta que no aparece Pikachu. Hasta ese momento todo es solo meramente anecdótico; se le espera como quién está expectante ante la aparición de un cabeza de cartel, lo demás es calentamiento. La película no se aguantaría, por supuesto, sin el personaje de Pikachu y lo que es más, no se aguantaría si este no estuviese interpretado por el carismático Ryan Reynolds. No sé hasta que nivel en términos de guión, pero estoy segura de que hay muchas intervenciones del pokémon eléctrico que son obra del propio Reynolds. La combinación de la caradura y lengua suelta del personaje con su aspecto adorable son absolutamente hipnóticos y tienen al espectador esperando a ver qué es lo que dirá a continuación. Al final, te deja de importar exactamente que es lo que ocurre en la trama, porque en realidad, lo que me interesa es ver a Pikachu soltando sus gracietas. De ahí a que la mejor escena de toda la película sea pura comedia; aquella en la que Tim Goodman (Justice Smith) y Pikachu tratan de sonsacarle información a un Mr. Mime y, para ello, deben entrar de lleno en su juego de mímica. Se trata de una escena genial, original y que, audiovisualmente, aprovecha muy bien sus recursos para tenerte enganchada. 

En definitiva, si bien Detective Pikachu no acaba de funcionar del todo como película entiende lo suficientemente bien sus fuentes como para lograr buenos momentos y, con la colaboración de Ryan Reynolds y su buen hacer, logra el suficiente contraste como para dar la idea de que estamos viendo algo nuevo. Creo que hubiese sido todavía mejor si no se tomase tanto en serio a sí misma, porque sus momentos más dramáticos quedan eclipsados por el humor y, de repente, en la que se supone que es una de las escenas más emotivas de la película toda la sala se echa a reír. 

Parece ser que el reinado de los Pokémon aún tiene para largo y quién sabe si con el éxito de esta película vendrán otras del mismo corte dentro de la franquicia.

PD: No puedo irme sin añadir que necesito ver la versión Pokémon: Pikachu Inspector de Hacienda de Borja Pavón. Su vídeo coincidió con mis primeras incursiones en el maravilloso mundo de los autónomos y realmente necesito que Pikachu me guíe por este camino inhóspito y tenebroso. Creo que es la coming-of-age que todos los freelance necesitamos.

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